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September 07, 2010  
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 AFAIRS DE PASARELAS

Mayday! Mayday! Mayday!

Andrea Larromana
andrea@appareltextiles.net

Un ruido espantoso seguido por vidrios volando por el aire y mesas aplastadas interrumpió el café que el Diseñador de alta costura Armand de la Renta tomaba con su amiga Nathaly Miccolo en aquel pequeño café de la Quinta Avenida de New York, cuando un taxista que corría como loco se estrelló contra el pequeño negocio. Nunca pensó que el destino le preparaba la más increíble historia que una pasarella neoyorkina pudiera dar.

 
     
Esplendor de amor

El diseñador de alta costura se acercó y debajo el torrente de aguas cristalinas estaba ella completamente desnuda ante el, sonriendo e indicándole se metiera al agua.

Armand se desvistió y también desnudo, avanzó hacia aquella mujer exuberante de piel morena cobriza y ojos verde esmeralda con cabellos rizados enmarañados y quemados por el sol.

La chica le tomó de las manos y lo atrajo hacia si hasta quedar debajo de la pequeña cascada cuyas aguas frescas caían lentas en un manantial lleno de peces de colores. Era su refugio.

Traviesa e irreverente parecía hacerle bromas. Lo empujó y el sorprendido hombre cayó confundiéndose con los pececillos al tiempo que ella se abalanzó sobre el mirándole fijamente a los ojos.

Armand quedó petrificado ante aquel rostro de diosa marina salida de entre la nada y le dijo:

__Eres lo más lindo que he visto y que la vida me regala este día!

La mujer se acercó y rozó sus labios con los de el. El atónito mortal no resistió y la besó con ternura y pasión. Ambos cuerpos rodaron sin control, momentos más tarde, la bella mujer conocía por primera vez, lo que era el amor.

Nota importante

Cualquier parecido es pura coincidencia.

  No tardó mucho tiempo sin que el sonar de un radio patrulla de la policía se acercaba y los agentes salían corriendo hacia aquel vehículo desvencijado, justo cerca de donde los dos amantes se prometían mil cosas porque Armand tenía que salir en unas horas hacia Brazil a uno de sus eventos internacionales de alta costura.

Ambos estaban petrificados y confusos. La chica estaba temblando del susto y el la protegía con sus brazos amorosos. La policía hacía interrogatorios porque el taxista huyó mal herido.

__ No. Señor agente. No lo vimos –dijo Armand con voz jadeante, mientras abrazaba a su novia de la cual no estaba seguro si amaba-

Luego del fatídico suceso, los dos salieron hacia donde estaba el auto y muy de prisa, arrancaron hacia la casa de Nathaly. Su familia la esperaba para cenar pues ella recién había regresado de España donde cursó estudios de bibliotecología y administración.

Y es que la chica era tan anticuada hasta para vestirse. Usaba un atuendo gris estilo sastre elegante, sombrero de la misma tela, gafas negras y tacones altos de charol. La facha ideal para apagar hasta el fuego de una locomotora de vapor.

Armand ya no la soportaba y si permanecía a su lado, era para guardar las apariencias porque la familia de ella era de alta alcurnia y lo social como que era prioridad para todos en esa familia. Salían hasta en el New York Times celebrando estupideces. Obviamente pagaban el espacio por que a ningún periodista en su sano juicio, se le hubiera ocurrido cubrir semejantes “pautas”.

__ Y cuándo regresarás? –preguntó secamente Nathaly-

__ En realidad? No lo se. –contestó con voz tenue Armand-

__ Cómo que no lo sabes?! Qué no es más que una pasarela de 25 minutos?!

__ Digo. Porque después tendré que ir a Bahía...Salvador de Bahía a buscar trajes típicos.

__ Tipicos?! Y desde cuando pones a tus modelos a caminar con esos atuendos tan fantoches?!

__ Dejémoslo de ese tamaño, mi vida. Si? Estoy cansado y salgo mañana muy temprano –contestó Armand fastidiado y con la mirada perdida-

La noche terminó mal como tantas veces. Ya era insostenible una conversación amena y mucho menos ponerse de acuerdo.

¡Rinnngggg! ¡Rinnnggg! Sonó aquel desconsiderado reloj despertador justo a las 5:00 a.m. El avión salía en dos horas!

Armand saltó de la cama, se metió al baño y en cinco minutos estaba afuera. Comenzó a vestirse y a preparar maletas. Su coordinadora y el equipo ya estaban adelante con todo el aparataje de costumbre y un ejército de gente entre modelos y personal de operaciones hacía dos días estaban en Río de Janeiro.

__ Un día y esto acabará conmigo. ¡Cielos! –balbuceaba Armand entre las maletas-

Recién acababa de regresar de una exitosa gira por Dubai y aun no desayunaba cuando ya tenía que ir a Sur América. El chico talentoso esperaba no menos que otra jornada exitosa; porque de no ser así, aquella vaga idea de retirarse algún día...ya no sería tan vaga.

Llegó al aeropuerto, checó maletas y se dirigió a la puerta indicada a esperar la tan característica llamada del alto parlante. Dicho y hecho. Ahí estaba la vocecita cursi de la chica locutora que le indicaba ir a la puerta 5.

Entró al Airbus 747 y se dirigió a Primera Clase. En unos minutos el enorme pájaro agarraba impulso y alzaba vuelo hacia Brasil donde lo esperarían con una limusina negra, propio para las personas VIP. Armand navegaba por las ondas del éter y solo pensaba en su apretada agenda en Brasil.

__Otra pasarela más? –se preguntaba para sí, al tiempo que el enorme pájaro metálico atravesaba el Atlántico-

Su mirada perdida solo denotaba cansancio. Un tedio provocado por Nathaly y su obsesión por quitársela de encima, a ella y a su familia hacía presa de el. Y es que ese dichoso clan familiar estaba hasta en la sopa de Armand. Intervenían sobre su vida como si fuera una propiedad privada y miraban la boda de ambos como un hecho inquebrantable.

Alto parlante: _Damas y caballeros Varig les da la mejor de las bienvenidas y les desea una placentera permanencia en su destino a Brasil. Estamos volando a 13 mil pies de altura sobre la isla de Cuba. Disfrute el viaje.

La aeromoza le sirvió y el chico de origen dominicano y con toda una vida en New York miraba con detenimiento aquella copa de vino tinto que parecía hablarle. Su mente ascendió como humo de volcán en erupción hasta las alturas mientras que una catarata de lava descendía por las veredas de su mente aturdida por la insatisfacción de no haber encontrado a la mujer de sus sueños. Dónde estará?

Una turbulencia de sonadas proporciones hizo que saltara sin control. Mayday! Mayday! Mayday! Decía el ingeniero de vuelo quien junto con el Capitán de vuelo y la tripulación trataban de calmar a los pasajeros. Todo parecía dar vueltas y cuando Armand se asomó por la cortina por poco lo derriba una carretilla de servicio que con todo y aeromoza chocó contra la esquina de primera clase.

__ Qué es lo que pasa, señorita? Qué pasa. Dígamelo por favor! –gritó desesperado aquel hombre que ya no tenía aliento. Estaba asustado-

El avión se movía de un lado a otro y las personas, que apenas trataban de asegurarse y atender las instrucciones desesperadas de la jefa de vuelo, habían entrado en pánico. No era para menos, el avión se preparaba para acuatizar en un lugar quien sabe donde del Océano Atlántico.

Alto parlante: _Tenemos serios problemas! No pierda la calma! Estamos listos para acuatizar! Atienda las instrucciones de las aeromozas y todo saldrá bien...!

__Señor, señor. Por aquí por favor. Póngase este salvavidas –le decía la mujer a Armand quien no dejaba de mecerse para todos lados-

Alto parlante: _A todos los pasajeros: sujétese bien a sus asientos en posición fetal. Es decir, con la cabeza entre las rodillas. No pierda la calma!!!

El impacto se sintió en todas direcciones y el ruido ensordecedor hizo hasta perder el conocimiento a docenas de personas. Olas gigantes se generaron por el acuatizaje y una alfombra estremecedora de espuma casi cubría el fuselaje. Las turbinas habían colapsado y momentos después, el 747 permanecía a flote. Pero por cuánto tiempo habría de estar así?

Todo era confuso y minutos más tarde aparecían toboganes amarillos para que los pasajeros cayeran a aguas más tranquilas envueltos en gritos y movimientos indescriptibles.

Armand cayó al agua y se aferró a un flotador de los tantos que se lanzaron para el rescate de los atormentados pasajeros.

Las horas pasaban y aquel enjambre de cabezas flotantes se dispersaba cada vez más sin algún control. Las corrientes los empujaban en direcciones que no iban a ninguna parte.

__Oh Dios mío! Esto es grave! En Brazil todo esta listo y nadie de mi gente sabe que estoy aquí en esta agua infestadas de tiburones –decía Armand con voz agonizante-

El aeroplano se hundió y la gente se dispersó hacia distancias impredecibles. Armand se quedó solo y a la deriva. Un delfín que saltó por encima de su cabeza le dio el susto final. El animal cayó dos metros de su flotador y luego parecía saludarle y darle la bienvenida a un paraíso terrenal sin precedentes.

Muchas horas más tarde y ante un crepúsculo que quitaba la respiración, a lo lejos se miraba una pequeña embarcación con una mujer que parecía había presenciado la tragedia y se dirigía hacia nuestro protagonista.

__Auxilio! Auxilio! –gritaba el naufrago mientras hacía señales con los brazos para que lo viera, en medio de aquellas olas inmisericordes-

Efectivamente. Un chica de una belleza y figura increíbles le decía con ademanes y en lengua extraña que se agarrara de la popa de su bohío mientras ella remaba con fuerza hacia la costa. El famoso diseñador obedeció y trataba de sujetarse como podía.

Descubrió que la chica no le entendía por lo que se dedicó a observarla. Se subió a la rústica embarcación y amarró el flotador anaranjado para ser remolcado. La bella mujer, sentada a espaldas de él, cantaba en su idioma una melodía que parecía enternecer a Armand.

Un tenue reflejo de aquel sol agonizante y amarillo que se despedía una vez más de aquellas playas de ensueño, dejó el rostro al descubierto de la linda chica, que girando sonriente al aun asustado muchacho, parecía preguntarle si le gustaba la canción. Aquel atractivo hombre adivinó el gesto y le tiró un beso al aire. La esbelta mujer de 25 años hizo como si su mano capturaba aquel beso aéreo y la puso sobre su boca, al tiempo que dejaba entrever una dentadura perfecta como cabritas blancas apretadas por los riscos de Galahad.

Momentos más tarde y luego de evadir el fuerte oleaje, las dos solitarias almas llegaban a tierra.

__Uf! Esto tiene que ser un sueño –exclamó Armand- ¿Cómo te llamas niña? –dijo jadeante.

La mujer apenas cubierta con una faldita floreada y una T-shirt vieja y con agujeros que dejaban casi al descubierto sus túrgidos senos, permaneció en silencio y le indicó que la siguiera. La noche aparecía y la visión era apenas sensible a los últimos y débiles reflejos, sin embargo la muchacha caminaba segura con ojos acostumbrados a la penumbra por aquella veredita rodeada de cocoteros y claveles hermosos que parecían racimos rojos y blancos a su paso. Llegaron a una choza de paja que tenía fuego en el fondo. Una figura misteriosa salió a recibir a la pareja. Era el abuelo de ella, que en lengua nativa parecía asustado preguntando por el hombre.

Hubo una plática muy peculiar y después el anciano tomó de la mano a Armand que temeroso caminó tras el y le encaminó hasta una hamaca dentro de aquella choza oscura, pero que le daba protección por esa fatídica noche.

La linda mujer encendió un candil a base de aceite de pescado para poder alumbrar el plato de hojas de huerta en donde tronaban de fritos unos frijoles mezclados con arroz y una carne desconocida, pero muy olorosa y de sabor riquísimo. Era serpiente asada!

Los tres comieron en medio de una plática que solo el viejo y la chica entendían y Armand solo sonreía como para no desentonar.

Llegaron las horas y el sueño los venció en medio de los sonidos de la noche más estrellada y de luna llena que Armand jamás había visto.

Con los primeros rayos del amanecer, el chico despertó de sobresalto. Estaba solo acompañado por el viejo que solo se cubría con un pantalón corto. Se incorporó y le preguntó en español e inglés por la muchacha. El viejo le señaló hacia el sur y le indicó que se fuera en esa dirección. El comenzó tímidamente a caminar y después de algunos minutos, escuchó una pequeña cascada y el canto de un mujer. La misma canción.

El diseñador de alta costura se acercó y debajo el torrente de aguas cristalinas estaba ella completamente desnuda ante el, sonriendo e indicándole se metiera al agua. Armand se desvistió y también desnudo, avanzó hacia aquella mujer exuberante de piel morena cobriza y ojos verde esmeralda con cabellos rizados enmarañados y quemados por el sol.

La chica le tomó de las manos y lo atrajo hacia si hasta quedar debajo de la pequeña cascada cuyas aguas frescas caían lentas en un manantial lleno de peces de colores. Era su refugio.

Traviesa e irreverente parecía hacerle bromas. Lo empujó y el sorprendido hombre cayó confundiéndose con los pececillos al tiempo que ella se abalanzó sobre el mirándole fijamente a los ojos.

Armand quedó petrificado ante aquel rostro de diosa marina salida de entre la nada y le dijo:

__Eres lo más lindo que he visto y que la vida me regala este día!

La mujer se acercó y rozó sus labios con los de el. El atónito mortal no resistió y la besó con ternura y pasión. Ambos cuerpos rodaron sin control, momentos más tarde, la bella mujer conocía por primera vez, lo que era el amor.

__Debo de estar soñando –decía en voz alta, mientras observaba aquella diosa de cristal dorado en toda su plenitud-

Pasaron los meses y era común ver a los amantes correr por aquellas playas blancas de ensueño mientras el sol se ponía en el horizonte. Las dos siluetas abrazadas parecían estatuas chispeantes a la luz roja del atardecer, mientras los delfines los saludaban desde las olas.

Como cosa del destino, una mañana pasaba por la pequeña isla caribeña un yate de la policía que desde hacía semanas buscaba sobrevivientes. Armand les gritaba a más no poder y la chica corría asustada escondiéndose.

Luego de un interrogatorio, lo invitaron a subir a la embarcación. Lo hizo, pero una vez arriba y a salvo, se lanzó por la borda y nadó con fuerza hasta donde estaba la muchacha muerta en llanto.

__No llores bebé. Ve y dile a tu abuelo que nos vamos...nos vamos a New York!

Como ya para ese entonces le había enseñado muchas palabras en español, la relación había cobrado sentido. Estaban enamorados!

Varios meses más tarde y ya instalados en su casa y luego de interminables conferencias de prensa sobre su reaparición, Armand comenzaba a enseñarle a la joven como caminar sobre una pasarela. Preparaba su famoso Haute Couture Week y se preparaba para lanzar al estrellato de la alta costura a una mujer que por su rara belleza atrajo la atención de propios y extraños. Su figura apareció en todos los rotativos y en CNN Breaking News. Newsweek le dio primera plana y Time Magazine la exclusiva. La vida de la musa y su abuelo que ya vestía un estupendo traje gris, cambiaban para siempre.

__Ah, pero ahora la isla del Caribe será nuestro nido de amor, -exclamó felíz- Pero...como debo llamarte? Ya se! Te pondré Selena! –gritó Armand eufórico minutos antes de empezar el fashion show.

Más tarde y de repente y luego de nutridos aplausos de los concurrentes al Hotel Waldorf Astoria, una conocida figura se acercaba entre los asistentes y mientras el increíble diseñador presentaba a Selena ante la multitud ya de pie, la mujer extraña le gritó:

__Me dejaste plantada, grosero! Todo por esa mujer! –gritaba sin parar la tétrica figura nocturna mientras los reflectores se enfocaban sobre las tres personas y el público estaba atónito y silente. La música calló.-

__NATHALY! -gritó Armand con ojos desorbitados-

THE END

 
 
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