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September 07, 2010  
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 AFAIRS DE PASARELAS

Flasback de una pasarela fatídica

Andrea Selena Larromana
andrea@appareltextiles.net

Amber Jones salía de prisa de aquella tienda de New York y miraba constantemente su reloj. Era imposible que pasara tanto tiempo sin darse cuenta? Su respiración agitada comenzaba a notarse. Su cuello de marfil parecía moverse hacia los lados como buscando una salida que no existía.

 
     
Nota importante

Todo parecido con personajes reales, es pura coincidencia.

  La noche en que Amber y André Papini se encontraron en el lujoso hotel Waldorf Astoria de New York parecía que nunca se borraría de su mente y cada vez miraba su celular buscando mensajes de ese hombre que la cautivó cuando, por primera vez, ella modelaba para el en su Haute Couture Season de la gran manzana.

Autos elegantes, taxistas alocados y un enjambre de personajes elegantemente vestidos era lo que caracterizaba aquella calle húmeda que servía de antesala del lujoso hotel. Miradas perdidas por todos lados y un ruido interminable de los autos formaban una atmósfera que presagiaba el encuentro fortuito de dos corazones en fuga : André y Amber.

Y quien podría creerlo? Ella misma? Claro que estaba loca y loca de remate. Sin embargo, su espíritu inquieto de periodista, que fue lo que la llevó hacia el, no la dejaría jamás y ahora más que nunca deseaba estar con el.

El espantoso ruido de un avión atravesando la gran manzana le causó un sobresalto y le hizo reflexionar que muchas de esas historias rosa y de revistas del corazón quizá han sido tomadas de historias semejantes. Increíble!

__Debo correr para llegar al apartamento y ver sus mensajes. –decía para sus adentros-

Paró un taxi y le ordenó:

__ A la Quinta Avenida...sin detenerse! Vuele!

__ Perdón señorita. Le pasa algo? –dijo el ordinario taxista mientras rumiaba un cigarrillo apagado-

__ Eso a usted no le importa. ¡Haga su trabajo! –gritó iracunda, mientras su rostro reflejaba las luces que iban en sentido contrario-

Los minutos parecían una eternidad y la muchacha de pelo castaño, ojos grises, tez blanca y rostro juvenil parecía ausente y en una frecuencia diferente a lo normal. Ella juraba que si André no había dejado mensajes, lo estrangularía cuando lo viera. No era para menos, ella había llegado como invitada aquella pasarela inolvidable y en ese momento nunca previó que tan glamoroso evento le dejara una huella indeleble en sus sentimientos.

Y pensar que cuando era una colegiala solo hablaba de que sería una gran escritora y viajaría por todo el mundo. En parte lo cumplió pero no como tal, sino porque las circunstancias se lo permitieron. Trabajando para una agencia noticiosa fue enviada a varios países como reportera y a pesar de haber conocido a medio mundo y asumiendo que así encontraría a ese hombre que su corazón buscaba afanosamente, en su mente jamás se le cruzó la idea de que sería en New York y peor, como modelo inexperta que hasta hizo el ridículo al perder el equilibrio, un zapato y la vergüenza!...y fue precisamente André quien la recogió del piso!

__ Oh my God! –dijo André cargándola en sus brazos y sonriendo al público que ya aplaudía para disipar el mal momento-

__ Conchale vale! Bulshhhh...! Ahhhh!–exclamó quejumbrosa la muchacha al tiempo que el manojo de nervios la hacía lanzar toda clase de improperios contra ella misma, muy cerca del oído de André-

Aquel elegante hombre cruzó toda la pasarela con ella en brazos y la consolaba diciendo:

__ Amber, mi amor. Estas cositas pasan. Tranquila, tranquila. –decía con voz amorosa y con la sonrisa que le caracterizaba-

Al llegar al camerino, todo un ejército de paramédicos corrieron a auxiliar a la chica que ya llevaba rasgado su hermoso vestido de telas egipcias y pedrería griega. El tobillo estaba inflamado por lo que tuvieron que aplicarle directamente...!hielo!

__ Agggg! Agggg! Qué es esoooo! –gritó la bella mujer con los ojos desorbitados mirando al techo que parecía caerse sobre ella para coronar la memorable noche-

André permanecía a su lado sosteniéndole aquella mano de princesa enamorada y eso, además de aquel perfume masculino que embriagaba su mente y sus sentidos aturdidos, sentía que el dolor se desaparecía paulatinamente. Tal vez fueron las mágicas manos de ese hombre salido de la mente y de la fantasía.

Los paramédicos abandonaron la escena y ahí sentados, frente a frente, los dos seres cruzaron sus miradas eternas que parecían decir algo indescifrable y confuso bajo una niebla de raras tonalidades. Era el amor?

__ ¡Doble la esquina y en la segunda casa a la derecha por favor! –dijo Amber a aquel taxista vulgar que había estado observándola a través del espejo retrovisor de un auto tan desvencijado y despintado por el tiempo que solo a el se le había ocurrido conservar-

Se bajó de prisa y metió su mano en el bolso de seda buscando las llaves. Una vez la tenía su mano. La asió con fuerza, giró y abrió aquella puerta de hierro con diseño romano. Ahí en la hermosa sala estaba su máquina portátil. Corrió hacia ella, resbaló y cayó al piso de ladrillos blancos al tiempo que hacía volar por el aire un florero vacío que se estrelló en la pared botando un cuadro de Rembrandt. Arrastrándose hacia la inerte maquinita la encendió violentamente para encontrar los correos. Tardaba mucho tiempo en abrir.

__ Abre maldita máquina de los infiernos! –Gritó enloquecida, jadeante y con una respiración en agonía-

“Te veo en una hora. Dónde te gustaría cenar?” –rezaba aquel único mensaje de André Papini-

THE END

 
 
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